© George Riveron, 2009.
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Señal de vida
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naturaleza muerta


                             ...los ojos se nos están muriendo en lo alto como Jesús.
                                                                 J. L. Borges

en el solitario cementerio
donde las sombras solas no respiran
y un perfume se expande
levísimo
el enterrador ha puesto flores amarillas
en la tumba del amor
y ha llorado silenciosamente sobre ella
como quien deja rodar un beso
sobre el mármol frío

dueño de una calma imperturbable
el enterrador arranca su cabeza
echándola a volar
su cabeza es un oscuro pájaro
que se alza hacia las bombillas
que arriba se abren
en un surco de infinita llama

los volantes ojos del enterrador
están llorando tibia leche
que gotea
y se filtra purísima entre los ramajes
leche que gotea midiendo el tiempo
sucesión de voces que se apagan en los ojos de jesús

en el solitario cementerio
el enterrador ha puesto flores amarillas
en la tumba del amor
donde las sombras solas no respiran
y un perfume se expande
levísimo.

instantánea


por la vieja plaza
donde los muchachos del barrio
discuten sobre beisbol
he visto pasar mi sombra
sin detenerse como antes
debajo de los ficus

la he visto escurrirse silenciosa
entre las tristes hojas
que el otoño arrastra.
sobrevivir al naufragio



haces danzar el cuerpo acompasadamente
entre los pilotes que flotan
en la ingravidez de tu memoria
como si un paisaje nada casual
volviera a dibujarse en ella
y te arrastrara a esa danza
que el cuerpo te agradece

arremolinadas aguas
al fondo de un paisaje de árboles silvestres
pilotes que flotan
como sombras de un pasado que no pesa
que apenas vuelve a tu memoria
y te hace danzar el cuerpo
dejarlo ir acompasadamente
liberado de ti

a veces cierras los ojos en tu danza
y la vida se te vuelve pasajera
un minuto cayendo sobre otro
leve ancla que levas
en el ondular del agua
metáfora que construyes
para sobrevivir al naufragio

tus brazos se hacen remos desafiando la memoria
aspas tu corazón golpeando el aire
que llevas a la sangre
oxígeno tan puro como aquellos ojos
que recuerdas abiertos para ti
tan claros e inocentes

afuera algo va dejando de existir
una voz que silba su pesadumbre y se deshace
isla que llora su destino de isla
en la inmensidad del mundo
cruz que tatuaste a tu espalda
y ya te pesa sostener.