© George Riveron, 2009.
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Extraños seres de la culpa
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los días del perdón


                                   te beso y te echo al mundo,
                                   te beso y te entrego a los soldados



detrás de los cristales
la ciudad se encoge de hombros
y yo simplemente soy un vagabundo
morir sería la solución exacta
el remate justo para estos días de pérdida
pero yo deambulo
me ofrezco al dolor
como si todo en mí no fuera nada

qué hacer con tanto miedo
lacerando mis costillas
con tanto fuego ardiendo en mis adentros
hoy que un silencio me penetra
anidando mi vocación de pobre diablo

los días del perdón
suelen ser un gran abismo
disputándose mi vida
días de morir y nacer
de morir y morir y volver
con una muerte gris y fría como un dardo
días sin sol
donde el mundo se sumerge
como en un mar de culpas
días del hombre
días de dios bebiéndose mis años

los días del perdón
han tendido un muro altísimo
el que no puedo derribar con mi amuleto
mis muertos duermen
puesta tengo la cena para ellos
y no hay señal de sus fantasmas

vacío de mí abro los brazos
ofreciendo mi dolor a los soldados
a los malditos seres
que en la noche se vuelven cazadores
días del perdón
minutos cayendo en un reloj de arena
desierto donde el tiempo pasa minuciosamente
días de mí
espejo para ahuyentar la imagen y su eco
reverso de un dolor sin límites
transparencia para disimular la redondez del mundo

apenas soy un pasajero
pero en cada estación
voy dejando un pedazo de mis carnes
un sueño que conduce a la agonía
trampa donde pierdo los ojos
para regalártelos      hermano
ojos que se abren y se cierran
añorando cerrarse para siempre

tú puedes entenderme       lo sé
por eso deambulo con mi soledad a cuestas
intentando desprenderme los recuerdos
agujereándome el alma
sin importarme que estoy muerto
que es solo hueso y nada lo que soy

días del perdón
donde los hombres se construyen la esperanza
una casa grande y verde
con árboles frondosos y animales domésticos
casa con muchachas riendo en el traspatio
dando de comer a las palomas

días del perdón
única salida hacia un país desconocido
donde todo puede volver a ser como en los sueños
isla con cocoteros y una playa
aguas para limpiar
lo que no puede limpiar
el desamor.